LA DISPOSICIÓN TRANSITORIA DUODÉCIMA DE LA LEY DEL IRPF

Como ya os había avanzado en nuestro anterior post relativo al rescate de los sistemas de previsión social, vamos a tratar a continuación una particularidad recogida en la Ley del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (LIRPF) que puede afectar a la elección de la forma en que realizaríamos ese rescate. En concreto, pese a que este aspecto también es afín al seguro de dependencia (el cual fue el objeto principal de nuestros últimos artículos), he decidido tratar esta particularidad tributaria de forma independiente debido a la mayor aplicación práctica de la Disposición Transitoria Duodécima  (D.T 12ª, en adelante) a planes de pensiones y otros sistemas de previsión.

Pues bien, entrando ya en contenido, la D.T 12ª dispone que las cantidades aportadas a estos sistemas de previsión (más los rendimientos generados por éstas) hasta el 31 de diciembre de 2006 se reducirán en un 40% siempre y cuando se rescaten en forma de capital. ¿Ello qué quiere decir? Pues que rescatando todo el dinero que se corresponda con aportaciones hechas antes del año 2007 (incluyendo los rendimientos como venimos apuntando), solo tendremos que tributar el 60%, estando bonificado el rescate de la parte restante (el 40%) al haberlo realizado en la forma que determina la D.T 12ª (en capital, o como decíamos nosotros, “de golpe”). ¿Y qué ocurre con el resto del dinero generado del 2007 en adelante os preguntaréis? Pues que lo podríamos ir rescatando poco a poco en forma de renta, con lo que de ser el caso, diríamos que en términos generales estamos haciendo uso del rescate en forma mixta.

Por tanto, de acuerdo con lo comentado en el post precedente en el que, como decíamos, habíamos explicado los diferentes tipos de rescate, debemos de matizar tras lo expuesto que “el golpe tributario” que suponía el rescate en forma de capital puede ser amortizado (en cierta medida) a través de esta D.T 12ª que hoy desgranamos.

DT 12 LIRPF

 

Ahora bien, junto a que esta reducción solo es aplicable a las cantidades aportadas hasta el 31 de diciembre de 2006,  también debemos de cumplir otro requisito temporal para poder acogernos a la misma, el cual conlleva que este rescate sea realizado en el tiempo determinado legalmente para ello. Os explico esta última condición a través de la siguiente tabla:

AÑO JUBILACIÓN O CONTINGENCIA

PLAZO MÁXIMO APLICAR REDUCCIÓN D.T 12ª

2010 o antes

31/12/18

2011

31/12/19

2012

31/12/20

2013

31/12/21

2014

31/12/22

2015 o posterior

en el mismo ejercicio o en los 2 años posteriores

Así, por ejemplo, si nos hubiéramos jubilado en 2010 o antes, la reducción de las cantidades aportadas antes del 31 de diciembre de 2006 la podríamos solicitar hasta la declaración del año 2018. En cambio, si ello ocurriera entre el año 2011 a 2014, dicho plazo se prorrogaría para todos esos años hasta el octavo ejercicio siguiente al acaecimiento de la mencionada contingencia que estamos ejemplificando. Por contra, cuando la jubilación se produzca desde el 2015 (inclusive), el plazo para acogerse a esta bonificación será de dos ejercicios fiscales desde que se produzca tal situación. 

Pese a lo hasta ahora relatado, como ya advirtieramos al finalizar el artículo anterior, siempre habrá que atender a la particularidad del territorio fiscal en el que residamos. Ello queda patente en esta D.T 12ª pues la tabla expuesta tiene una excepción: los márgenes temporales no serán de aplicación en el País Vasco, donde permanecerá la posibilidad de acogerse a dicha reducción sin atender a estos límites. 

A mayores, tened en cuenta que este beneficio solo podrá aplicarse en un único ejercicio fiscal, por lo que en caso de tener varios planes lo aconsejable será el aplicarlo a todos ellos.

En definitiva, para resumir lo explicado hoy, podríamos decir que si tuviéramos que rescatar (por ejemplo) un plan de pensiones, sería planteable hacerlo en forma mixta siempre que parte del dinero (el anterior al 2007) esté bonificado por la reducción de la D.T 12ª (haciendo el rescate de esa parte en forma de capital), y que la otra parte no bonificada sea rescatada gradualmente y en posteriores ejercicios en forma de renta, consiguiendo así beneficiarnos de una importante bonificación, a la par que tributar por las últimas cantidades a rescatar en tipos marginales más bajos del Irpf en próximos ejercicios fiscales.

Así, tras todo lo relatado respecto a estos productos financieros en los cuatro últimos artículos de este blog, es también patente que este tipo de sistemas de previsión tienen desventajas. Por un lado, como habéis podido observar,  con este tipo de productos pagaremos impuestos no solo por los derechos consolidados (que son esos rendimientos o beneficios obtenidos con nuestras aportaciones), sino también precisamente por esas aportaciones (a diferencia de los fondos de inversión, donde solo se tributa por las ganancias obtenidas y no por la suma de éstas junto a lo aportado). Por otro lado, teniendo presente que la ganancia que podemos obtener por este tipo de productos a largo plazo depende en gran medida de la legislación fiscal vigente, para los jóvenes de hoy en día ello puede no resultar halagüeño pues si nos paramos a pensarlo fríamente, nadie sabrá cual será la fiscalidad aplicable dentro de 30 años en un país donde se deja entrever, a fecha de este artículo, una más que futurible inestabilidad política debido a la división que pueda generar la desigualdad o precariedad laboral.

Para concluir la entrada de hoy y despedirme de vosotros, simplemente comentaros que este post ha sido el último dedicado a los aspectos financieros y tributarios que estaban relacionados con la tercera edad y la dependencia. En próximas fechas iniciaremos el bloque relativo a las reclamaciones que versan sobre esta misma materia, pues a ello me había comprometido en nuestra primera entrada relativa al convenio de cuidadores no profesionales. Hasta entonces, ¡un saludo!

  

Manuel Ángel es licenciado en derecho y es el autor de este blog.

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