EL SEGURO DE DEPENDENCIA EN ESPAÑA Y EUROPA

Seguro Dependientes

Como expusimos en nuestro anterior artículo relativo a la protección constitucional de la tercera edad en España, vamos a ver a continuación que soluciones se vislumbran respecto a esta problemática desde la Unión Europea (UE) y otras instituciones nacionales.

En primer lugar, debemos de saber que el desarrollo de la política social a escala europea es una competencia compartida entre la UE y sus Estados Miembros (EEMM). Ello significa que los EEMM solo podrán ejercer competencias en política social cuando la UE no la esté ejerciendo o cuando haya decidido no ejercerla (artículos 2 a 6 del Tratado de Funcionamiento de la UE – TFUE). En este sentido, según específica el artículo 4 del TFUE, este carácter compartido solo se aplicará a “los aspectos que así defina el presente Tratado”, el cual no hace alusión a la dependencia de nuestros mayores. Por tanto, en coherencia con lo expuesto, dicha labor normativa es competencia de los EEMM.

Ahora bien, ¿es posible una regulación europea de mínimos en este sentido? Aunque la tarea no sea fácil, la respuesta sin duda es positiva puesto que ello ya ocurre en otros ámbitos. Así que existiendo dicha premisa, ¿por qué ello no iba a producirse en un ámbito como el de la dependencia donde los problemas derivados de la vejez son los mismos para todos los europeos? Lo único que requiere la solución que desde este blog aportamos es voluntad legislativa. Como base para acometerlo, cabría destacar el artículo 2 del Tratado de Lisboa, que dice que “la Unión podrá tomar iniciativas para garantizar la coordinación de las políticas sociales de los Estados miembros“.

Frente a esta hipótesis que planteamos, lo que está ocurriendo es lo contrario. Se está buscando dar una solución de carácter privado a estos problemas a través de la contratación de seguros. En nuestro país, los seguros de dependencia cubren tanto las situaciones de dependencia (grado II y III), como las de predependencia (grado I). Pese a ello, apenas ha sido contratado por la ciudadanía, por lo que algunas compañías (para incentivar su venta) han otorgado la posibilidad de devolver las primas pagadas por el asegurado a sus beneficiarios si este falleciere (antes de una determinada edad) sin haber llegado a un estado de dependencia.

Edad Seguro Dependencia

 

En cuanto al contenido del seguro, en el caso de ser predependientes o, en ocasiones, de llegar a una determinada edad avanzada sin serlo, por el pago de sus primas obtendremos unos determinados beneficios como son la teleasistencia o la ayuda a domicilio (con un límite de horas asignadas al año en este último caso). En cambio, si somos dependientes de grado III, nos podrán otorgar una renta mensual del 100% del importe que hubiéramos contratado. En esta misma línea, si nuestro grado fuera el II, esta renta se vería reducida. Para entenderlo mejor, podéis observar este cuadro que representaría la cobertura principal del seguro.

COBERTURA

 TIPO A

TIPO B

TIPO C

GRADO III

1.000/mes

2.000/mes

3.000/mes

GRADO II

500/mes

1.000/mes

1.500/mes

Es importante que recordéis, como os dije, que solo se puede cobrar este principal si llegamos a los grados más altos de dependencia (el II y III). Como veis, cuanto más elevado sea el grado mayor será la indemnización recibida.

Por tanto, ejemplificando el anterior cuadro, si hubiéramos escogido una modalidad B de cobertura y fuéramos dependientes de grado II, llegado dicho momento gozaríamos de 1.000 al mes.  El cobro de estas cantidades puede acometerse de forma sucesiva o periódica, como exponemos en nuestro ejemplo con la renta mensual, pero también debemos de tener en cuenta que cabría la posibilidad de recibir el cobro en forma de pago único.

Ahora bien, antes de contratar este seguro nos surgirán las clásicas preguntas como…

… ¿hasta que edad puedo contratarlo?

Ello dependerá de cada compañía, pero rondará seguramente la edad de 70 años. Ahora bien, en este senso tenemos que tener claro que también existirá una edad máxima para renovarlo, pudiendo ser esta de 85 años en líneas generales.

… ¿existe algún tipo de carencia?

La carencia es un plazo que tiene que transcurrir desde la firma de la póliza para que esta pueda hacerse efectiva. En este tipo de seguros (no en el de coche por ejemplo) sí que existe, lo que conllevará que seguramente en el plazo de un año desde el alta de la póliza no podremos solicitar determinados servicios que la misma nos confiere (para evitar fraudes). Aunque este plazo puede variar dependiendo del tipo de dependencia, también es cierto que ante supuestos excepcionales la posibilidad de que la carencia no fuera aplicada es probable. Un ejemplo de esto último podría darse cuando la dependencia derivase de un accidente.

… ¿existen circunstancias excluyentes que no cubre el seguro?

La respuesta a esta pregunta también es positiva. Pensad en el supuesto de una dependencia derivada de la práctica de un deporte de riesgo, o por hábitos nocivos del asegurado contra su salud (alcoholismo por ejemplo).

Coste Seguro Dependencia

 

Explicados los grandes rasgos de este seguro, volvemos al tema que inicialmente nos ocupaba: ¿cómo financiamos la dependencia? Ante la ausencia de una regulación europea común, en España parece que la financiación de este problema, dado el mal funcionamiento de la ley de dependencia por la escasez de recursos públicos destinados a ella, se presenta como esencialmente privada. En cambio, en otros países como Alemania, el seguro de dependencia es público y obligatorio, siendo este pagado a partes iguales en las cotizaciones a la Seguridad Social por empresario y trabajador. La cuantía del dinero que estos aportan no llega al  2% de la base reguladora. Por otro lado, si nos dirigiéramos más al norte, en países nórdicos o en Reino Unido, podríamos observar como este seguro se financia a través de dos vías: los impuestos locales y la transferencia de efectivo desde la administración central del estado a entes locales que lo gestionan, eludiendo estas naciones el concepto de dependencia como “riesgo asegurable”, y por ende, adoptando el de “derecho de acceso universal” para toda la ciudadanía.

Visto esto cabría preguntarse, ¿hacia donde se dirigirá España en este punto? Actualmente gozamos de un sistema mínimo de ayudas sociales las cuales, dada la alta demanda frente a la escasa oferta, hacen que mucha gente recurra al ahorro o patrimonio propio. Si quisiéramos mejorar el mismo, podríamos optar por un sistema esencialmente privado (como el del seguro), cuyo lastre sería el pago de una importante prima en cómputo anual, perjudicando a los más débiles en lo económico nuevamente. O, por contra,  podríamos abocarnos a crear un gran sistema de ayuda pública, lo que conllevaría una notable subida de impuestos, lo cual tampoco parece la mejor de las soluciones en estos tiempos. En consecuencia, bajo mi óptica, el optar por un modelo mixto como el seguro público obligatorio alemán, donde las personas desempleadas gozaran también de esta cobertura a través de financiación estatal, junto con la posibilidad de que quien quisiere/pudiere complementara el mismo a través de mecanismos privados, podría parecer la opción más razonable.

¿Triunfará el seguro de dependencia en un futuro próximo?

Desde una visión netamente objetiva, podríamos ver un pro a su favor, como es la preferencia de los españoles por ser cuidados en sus domicilios frente al internamiento en un centro geriátrico. Aún así, el hecho de como se vaya a configurar la sociedad del futuro, con una más que probable complejidad familiar y laboral de los hijos, puede que haga que estas preferencias se queden únicamente en eso frente a la necesidades de dichos descendientes. En este sentido, teniendo en cuenta que el 80% de los centros residenciales en España son privados o concertados, el cobro de la renta vitalicia derivada del seguro podría ser del todo insuficiente.

En conclusión, como podemos observar, España no es un país que a día de hoy se encuentre preparado para abordar los futuribles problemas que derivan de la dependencia. Ello puede ser consecuencia, según datos del Ministerio de Asuntos Sociales, de que gran parte de las mujeres (por ser tradicionalmente las cuidadoras) que se encuentran en el arco que va desde la mediana edad hasta la edad de jubilación no trabajen. Pero esto, dada la integración de la mujer en el mercado laboral, no será así en un futuro, pudiendo con ello aumentar cada vez más la demanda de estos servicios. Llegado el momento veremos en liza esta disyuntiva de como resolver la situación de nuestros dependientes, respecto de lo cual seguro que jugará una gran baza en la búsqueda de una u otra solución el problema de la la sostenibilidad financiera española.

Sin otro particular, me despido citándoos para la lectura del próximo artículo en donde trataremos aspectos tributarios relativos a este producto así como de la dependencia y discapacidad.

Mseoane es licenciado en derecho y es el autor de este blog.

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