CÓMO LIMITAR LA RESPONSABILIDAD DEL EMPRESARIO INDIVIDUAL

Limitar responsabilidad empresario

Después de haber visto en nuestra anterior entrada cuales son los aspectos más básicos del empresario individual, vamos ahora a centrarnos en este post, única y exclusivamente, en la cuestión que concierne a la limitación de su responsabilidad ya que, como habíamos visto, esta era personal e ilimitada, debiendo el autónomo responder por sus deudas con todo su patrimonio. Este problema deriva del art.1911 del Código Civil (C.C. en adelante), que consagra una de las máximas del Derecho como es el principio de responsabilidad patrimonial universal: “del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros”.

Recordado esto, a continuación exponemos dos posibles soluciones como son el seguro de responsabilidad civil, así como la adopción de otra forma jurídico empresarial que se encuentra a caballo entre la figura del autónomo y una sociedad limitada: el emprendedor de responsabilidad limitada (ERL). 

El Seguro de Responsabilidad Civil

En la sección octava de la ley 50/1980, del Contrato de Seguro, se determina en que consiste un seguro de responsabilidad civil. Se dice en el art. 73 de dicha sección:

Por el seguro de responsabilidad civil el asegurador se obliga … a cubrir el riesgo del nacimiento a cargo del asegurado de la obligación de indemnizar a un tercero los daños y perjuicios causados por un hecho previsto en el contrato de cuyas consecuencias sea civilmente responsable el asegurado, conforme a derecho.

El perjudicado o sus herederos tendrán acción directa contra el asegurador para exigirle el cumplimiento de la obligación de indemnizar, sin perjuicio del derecho del asegurador a repetir contra el asegurado, en el caso de que sea debido a conducta dolosa de éste, el daño o perjuicio causado a tercero”

En lo que respecta a la regulación de la responsabilidad civil, esta se encuentra recogida en nuestro Código Civil, en concreto en los arts.1902 y ss. En cuanto a lo que nos interesa en este post, destacamos dos de estos artículos:

-1.902: “El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia está obligado a reparar el daño causado”

-1.903: “La obligación que impone el artículo anterior es exigible, no sólo por los actos u omisiones propios, sino por los de aquellas personas de quienes se debe responder

De ambas regulaciones debemos sacar claras conclusiones :

-Cuando contratemos un seguro de este tipo deberemos de hacerlo atendiendo a las posibles necesidades que pudieren derivar de nuestro negocio. Cada caso es diferente pero, como veremos posteriormente,no será lo mismo tener  un seguro de responsabilidad civil general que otro únicamente profesional.

-Debemos de saber diferenciar la culpa o negligencia del dolo. En el primer caso nuestro actuar sería imprudente, mientras que en el segundo supuesto estaríamos obrando con mala fe. Es en este último caso donde el citado art. 73 de la Ley del Contrato de Seguro nos excluye de cobertura.

-No solo deberemos de responder de nuestros actos, sino también de los de nuestros empleados.

Llegados a este punto cabe que nos preguntemos, ¿son obligatorios estos seguros?

Dependiendo del tipo de actividad es posible que venga impuesto por ley, reglamento o convenio colectivo. Pese a ello, son recomendables para limitar nuestra responsabilidad ya que, como venimos repitiendo, en el caso del autónomo esta era ilimitada y podríamos llegar a responder con nuestro patrimonio personal.

En este sentido, debemos de hablar de dos tipos de seguros de responsabilidad civil (existiendo muchos más): el general y el profesionalEl general repararía el daño personal o material causado a un tercero o empleado por cualquier acción u omisión; el profesional cubriría daños económicos, patrimoniales o físicos causados a terceros y que deriven de nuestra actividad netamente profesional. Ponemos un ejemplo: en caso de que cayera el rótulo del negocio a la calle sobre una persona, ello sería cubierto por nuestro seguro general. En cambio, si trabajamos como fisioterapeutas y realizamos una mala maniobra a un paciente, ello sería cubierto por nuestro seguro profesional.

Lo lógico en este punto sería contratar un seguro general que cubriera las necesidades que requiriera cada tipo de profesional conforme a los riesgos que derivasen de su actividad, pero estas ofertas y demás nomenclaturas que se pudieren hacer ya dependerán de cada compañía aseguradora.

 

El Emprendedor de Responsabilidad Limitada (ERL)

Emprendedor Responsabilidad Limitada

 

Esta figura jurídica ha sido creada por la controvertida ley 14/2013 de apoyo a los emprendedores, encontrándose regulada en su Capítulo II Título I. Adoptando esta forma jurídica para nuestro negocio, podemos eximir de responsabilidad nuestra vivienda habitual siempre que no supere un determinado valor. Por regla general, aunque esto variará dependiendo de los habitantes del municipio donde se ubique, este bien no deberá  superar los 300.000 euros para poder considerarse fuera de peligro. La vivienda será valorada conforme a lo dispuesto en el art. 10 del Real Decreto Legislativo 1/93, que regula el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales. Ahora bien, como requisito previo es necesario que esta vivienda no este afecta en ningún momento a la actividad empresarial desarrollada.

Para poder acogernos a la figura del ERL deberemos de acudir al notario y realizar un acta notarial. Esto es posible tanto si vamos a iniciar nuestra actividad, como si ya la estamos realizando bajo otra forma jurídica. Posteriormente se tramitará nuestra inscripción en el Registro Mercantil y en el de la Propiedad. Una vez realizado esto, no cabrá sobre nuestro bien ninguna anotación preventiva de embargo derivada de deuda empresarial posterior a nuestra inscripción como ERL. Las deudas previas existentes a esta actuación, así como otro tipo de deudas surgidas en otro momento y que no derivasen de nuestra actividad empresarial (como deudas particulares, familiares o públicas que tengamos con la administración), supondrían el posible embargo de nuestra vivienda habitual (salvo consentimiento expreso de nuestros acreedores).

Pese a todo lo comentado, esto no evitará que la vivienda pueda ser embargada por otros motivos, como por ejemplo que haya sido dada en garantía hipotecaria. Por tanto, con la opción del ERL el único bien de nuestro patrimonio, tanto empresarial como personal, que quedará protegido será la vivienda habitual siempre que no supere un determinado valor. El resto de bienes seguirán respondiendo como disponíamos, es decir, de forma ilimitada (salvo inembargabilidad).

Baste decir, como dispone el art.8.4 de la ley de apoyo a los emprendedores, que obviamente “no podrá beneficiarse de la limitación de responsabilidad el deudor que hubiera actuado con fraude o negligencia grave en el cumplimiento de sus obligaciones con terceros, siempre que así constare acreditado por sentencia firme o en concurso declarado culpable”. Las causas de esta posible situación concursal se encuentran reguladas en el art. 164 de la Ley 22/2003 relativa al concurso de acreedores.

Cabe destacar a estas alturas del post que, a consecuencia de la inscripción en el Registro Mercantil como ERL, tendremos que realizar cuentas anuales, auditarlas (si es el caso conforme el art.257 de la Ley de Sociedades y del Capital) y depositarlas en dicho registro en el plazo de un mes desde su aprobación (tenemos hasta el 30 de junio de cada año para aprobarlas). Si dejáramos transcurrir este plazo sin depositar las cuentas anuales, perderíamos la mencionada limitación respecto a las deudas posteriores a dicho plazo, pudiendo recuperar dicho beneficio en el momento de la presentación de las mismas.

Hasta aquí esta breve exposición teórica la forma jurídico empresarial del ERL, pero tras ello cabe que nos hagamos ciertas preguntas sobre la utilidad práctica de la misma pues personalmente, como figura a caballo entre el autónomo y las sociedades de responsabilidad limitada, no me acaba de convencer.

– ¿Tanto trámite, y por ende tanto gasto, para solo poder limitar la vivienda habitual? La mayoría de los emprendedores jamás la van a poner en riesgo. Aún así, si quisiéramos ser extremadamente prudentes, siempre tendríamos la posibilidad de constituir una sociedad de responsabilidad limitada con un único socio, lo que excluiría de golpe y porrazo todo nuestro patrimonio personal de responsabilidad a cambio de otorgar un pequeño capital social a la empresa (con alguna excepción que comentaremos en las entradas que hagamos de las Sociedades Limitadas).

– ¿Qué diferencia hay entre la vivienda de un emprendedor valorada en 300.000 euros con la que sobrepasa los mismos por poco más? El primero se vería exento por una cuestión meramente anecdótica frente al segundo. Esperemos que nuestra jurisprudencia encuentre una solución a esta falta de lógica y de principios dada por nuestro legislador.

– Siguiendo con la línea anterior, ¿no sería más coherente, si lo que queremos es preservar la vivienda habitual del emprendedor, al menos obtener en la subasta de la misma una cantidad (regulada por ley) que le permita al deudor volver a adquirir o alquilar una vivienda  y el exceso dárselo al acreedor? ¿No sería también evidente, en ese afán protector de la vivienda, el disponer que la cantidad obtenida en la subasta solo pudiere aplicarse a saldar al acreedor a partir de los 300.000 euros? Con esta última solución no existiría el problema que os he expuesto en el anterior punto.

 

Para concluir la entrada de hoy, me despido con una reflexión en referencia a esta forma del ERL : es posible que dada la dramática situación vivida en este país en la última década, con desahucios y demás problemas hipotecarios (tratados en buena medida en este blog), el legislador haya querido “aprovecharse” de esa vulnerabilidad social y escasa protección inmobiliaria para lanzar una figura con escaso sentido práctico como es el ERL.

En próximos post, donde trataremos las sociedades de responsabilidad limitada, podremos ver con  mayor claridad esta falta de empaque dentro de nuestro ordenamiento mercantil. Os cito para ello en el primeros días del año. ¡Qué tengáis unas felices fiestas! Y por cierto, ¡enhorabuena a los hipotecados con cláusula suelo!, pues hoy el TJUE les ha dado la razón en la problemática mencionada que tratábamos en el anterior artículo al que os acabo de enlazar. ¡Noticia que trataremos próximamente en el blog!

 

 

Fuente imagen/Autor –  Pixabay /  Monam

Manuel Ángel es licenciado en derecho y es el autor de este blog.

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