¿AUTÓNOMO O S.L? HE AHÍ LA CUESTIÓN

Forma jurídica Negocio

Tras analizar las dos formas jurídicas más utilizadas por los españoles a la hora de emprender (el empresario individual y la S.L), vamos en la entrada de hoy a poner punto y aparte a los artículos relativos al emprendimiento tratando la vertiente tributaria relativa a estas figuras. En concreto, el artículo de hoy se centrará en dos cuestiones:

  1. Por un lado, ya que estamos en plena campaña de declaración de la renta, aprovecharemos para ver generalidades del IRPF confrontando la fiscalidad de este tributo para un asalariado frente a un autónomo. Así mismo, también veremos diferencias entre este impuesto y el de Sociedades (IS, en adelante).
  2. Posteriormente, explicaremos cuando compensa más tributar como empresario individual o como S.L, ya que debemos de tener en cuenta que a partir de un determinado número de ingresos nuestra factura fiscal será más costosa si es tributada a través de IRPF que en IS.

Dicho lo cual, explicamos a continuación esos aspectos generalistas que, entre otras cosas, nos ayudarán mejor a comprender el apartado B de este artículo. Os enumero y explico, para una mejor relación, lo que vamos a tratar en este apartado A:

1) La elección de tributación entre IRPF e IS  (el objeto de este artículo)  no siempre tendrá cabida, ya que dependiendo del tipo de trabajo que tengamos puede que no podamos realizar dicha selección. Por tanto, lo primero que debemos de hacer es asesorarnos bien en este sentido con un experto en la materia.

2) Pese a lo que vamos a analizar posteriormente, la rentabilidad u optimización de nuestra factura fiscal no debería ser el único factor a la hora de decidirnos por una u otra forma jurídica (como vimos en los artículos que precedían a este).

3) El empresario individual, trabajador por cuenta propia o autónomo (coloquialmente hablando), tiene que escoger entre dos regímenes de tributación a los que adherirse:

estimación objetiva módulos

 

-Por un lado, el de estimación objetiva o  módulos. Con este sistema pagaremos siempre los mismos impuestos independientemente de lo que ganemos. ¿Quién tributa aquí pensaréis? Pues aquellos que cumplan los siguientes requisitos para 2017:

  • 1) Ser empresario individual y estar en la orden ministerial que publica Hacienda regulando este sistema.
  • 2) No tener ingresos superiores a 250.000 euros (150.000 en 2018)
  • 3) Tener un volumen de compras inferiores a 250.000 euros (150.000 en 2018)
  • 4) No realizar actividades que tributen en estimación directa (el otro régimen de tributación)
  • 5) Estar adherido al régimen simplificado del Iva (obligatorio para los autónomos que estén en módulos)
  • 6) Si facturamos a empresas y profesionales, no haber obtenido en el año anterior rendimientos superiores a 125.000 euros (75.000 en 2018) o a 50.000 si la mitad de este dinero proviene de empresas (debido a las retenciones).

estimación directa o simplificada

-Por otro, el de estimación directa, que tiene dos modalidades: normal o simplificada. Pagaremos según sea el rendimiento que tenga nuestro negocio. Se calcula este como si de una sociedad se tratara: ingresos – gastos.

En este caso, tributarán por la  modalidad normal aquellos empresarios individuales cuyos negocios tengan unos rendimientos anuales superiores a 600.000 euros, así como quienes hayan renunciado a la modalidad simplificada y a módulos.

En consonancia, estarán en la modalidad simplificada (la más habitual) aquellos autónomos cuyos negocios tengan unos rendimientos anuales inferiores a 600.000 euros (salvo renuncia) y que no realicen una actividad mencionada en la anterior orden ministerial.

En este punto seguro que ya muchos os habréis planteado la siguiente pregunta: ¿en caso de poder elegir, cuando conviene módulos y cuando estimación directa?

Si los ingresos estimados en módulos son inferiores a los que obtiene el negocio en realidad, será aconsejable tributar en estimación directa. Si por contra tenemos grandes beneficios, la posibilidad de tributar por módulos podría ser una buena opción, aunque como siempre os digo cuando hablamos de fiscal (y no me cansaré de repetirlo), habrá que atender al caso concreto. ¡Ojo!, tened en cuenta que en este último caso (al acogernos a módulos) no podremos aplicar ningún gasto como deducible (como sí hacemos al calcular el rendimiento en estimación directa). Desde luego,  lo que sí podría entenderse como un consejo más generalizado sobre este dilema es que, cuando emprendemos un negocio y prevemos tener de inicio más pérdidas que ganancias, lo ideal sería tributar por estimación directa. 

4) En principio, existen diferencias entre la declaración de la renta de un autónomo y de un asalariado, como son por ejemplo:

-que los ingresos del autónomo no se califican como rentas del trabajo (lo que le ocurre al asalariado), sino como actividades económicas (donde incluímos tanto ingresos como gastos)

-que el autónomo no está obligado a presentar la declaración si obtuvo rentas por tan solo 1.000 euros (caso excepcional) con pérdidas patrimoniales inferiores a 500 euros, frente al asalariado que tiene que presentar la declaración cuando superó los 22.000 euros con un solo pagador (se entiende que solo hay un pagador cuando pese a haber más estos últimos solo han aportado al contribuyente una cantidad igual o inferior a 1.500 euros) o 12.000 euros con más de un pagador (el segundo y restantes pagadores han aportado cantidades superiores a 1.500 euros).

Aunque finalmente también hay paralelismos entre ambas declaraciones, como son:

-la aplicación de los mismos tramos de IRPF (tanto base general como ahorro),

-el valor del mínimo familiar o personal : que es la cantidad mínima que estima Hacienda para poder vivir, siendo la misma para ambos tipos de trabajadores (5.500 euros a día de hoy, aumentando conforme la edad a partir de los 65 años).

-los plazos de presentación de la declaración, iniciándose la campaña este año el 6 de abril y finalizando la posibilidad de presentar la declaración sin recargo alguno el 30 de junio.

Irpf autónomos

5) El IRPF es un impuesto que se aplica a las personas físicas y que tiene un carácter directo y progresivo, lo que quiere decir que cuanto más dinero ganemos mayor será el tipo impositivo que se nos aplicará (pero de forma progresiva). Para que entendáis mejor el concepto de progresividad os pongo un ejemplo. Estos son  los tipos impositivos de la base general del IRPF para el año 2016   :

  • De 0 eur hasta 12.450,00 eur: 19% de tipo impositivo
  • De 12.450,01 eur a 20.200,00 eur: 24%
  • De 20.200,01 eur a 35.200,00 eur: 30%
  • De 35.200,01 eur a 60.000,00 eur: 37%
  • De 60.000,01 eur en adelante: 45%

Si cobrásemos 38.000 euros, los primeros 12.450 tributarían a un 19%; los siguientes 7.750 (hasta los 20.2000 de la tabla) a un 24%; los 15.000 euros siguientes (los que van hasta los 35.200 de la tabla) a un 30%; y los 2.800 euros últimos (hasta los 38.000 del ejemplo) a un 37 %. Por tanto, no se nos aplicará directamente el 37% por encontrarse nuestro salario en ese intervalo, sino que se irán aplicando los tramos de forma progresiva. 

empresario individual o sociedad limitada

 

El IS, en cambio, es un impuesto directo que se aplica a la renta obtenida por las personas jurídicas que residen en territorio español. La cuantía a pagar por este impuesto se determina a partir del resultado contable de la sociedad (previos ajustes si son necesarios). Existen diversos tipos impositivos del IS, entre los que destacamos los siguientes:

  • el tipo general, que a día de hoy es de un 25%.
  • el tipo reducido, del 15%, que se aplica durante los 2 primeros años en que una sociedad alcanza un resultado positivo (si no tenemos beneficios, no pagamos este impuesto). Este tipo no se aplica a sociedades de tipo patrimonial (las que gestionan patrimonio mobiliario o inmobiliario)
  • tipo reducido del 20% para sociedades cooperativas. Se aplicará el tipo general (25%) para sus resultados extracooperativos como también a las cooperativas de crédito.
  • existen otros tipos impositivos reducidos para entidades especiales como asociaciones, fundaciones, sociedades de inversión… pero habrá que cumplir los requisitos exigidos por la normativa en cada caso para poder acogernos a ellos.

Si queréis profundizar más sobre todos los tipos que hay en el IS, podéis hacer click aquí.

Pagos fraccionados

6) Tanto el IS como el IRPF se presentan anualmente (el Is en el mes de julio hasta el día 25), pero a mayores en ambos casos hay que realizar pagos trimestrales .

En el caso del IRPF , si estamos en estimación directa, el pago trimestral deberá relacionar la diferencia entre sus ingresos y gastos ese trimestre. Sobre ese resultado se aplicará un tipo del 20%, concibiéndose este mecanismo como un adelanto del 20% a cuenta de la declaración anual. Si a final de año pagamos más de anticipos que nuestros ingresos reales, la declaración de la renta anual nos saldrá a devolver. Existe una excepción para la no realización de estos pagos trimestrales en estimación directa: que hayamos facturado más del 70% de nuestros ingresos con retenciones a empresas, autónomos u otras entidades jurídicas que se encuentren en territorio español. En cambio, si estamos en módulos, pagaremos entre un 2 y un 4% trimestral (dependiendo de los asalariados contratados) sobre el rendimiento resultante de la aplicación de los módulos.

En oposición, en el IS, los pagos trimestrales se comenzarán a presentar desde que alcancemos la primera declaración anual positiva (lo que no ocurre con el autónomo, el cual realiza estos pagos fraccionados desde el primer trimestre aunque no tenga beneficios). El tipo que se aplica en los pagos fraccionados del IS es del 18% respecto a la cantidad anual a pagar (excepto bancos-25%- o que facturemos más de 10 millones de euros-23%-)

 

¿Autónomo o S.L? E ahí la cuestión

Autónomo o SociedadEn lo que respecta al “quid de la cuestión” con la que abríamos el artículo, el encontrar el punto de equilibrio para saber cuando nos convendrá tributar como autónomo y cuando como sociedad, de antemano os tengo que decir que lamentablemente no existe una respuesta única al respecto ya que ello dependerá en buena medida de la situación personal de cada uno de nosotros, así como también de la marcha de nuestro negocio. En caso de pérdidas, por ejemplo, no será lo mismo que tengamos una sociedad  en nuestro primer año (donde cabe compensación) que teniendo estas como autónomo (donde no puede hacerse esto).

Ahora bien, a modo de orientación y por poner un valor totalmente aproximado (que nos permitirá explicar mejor está cuestión), pensemos por ejemplo en unos 40.000 euros anuales ingresados como autónomos, momento en el cual el cambio a sociedad podría compensarnos… siempre hablando en condicional, no me canso de decirlo, porque dependerá de múltiples variables que no podríamos analizar todas aquí y ahora.

Dicho esto y tomando como referencia dicho valor orientativo, en caso de decidirnos por constituir una S.L, lo idóneo sería que si trabajáramos para la sociedad cobráramos de ella hasta dicho punto de equilibrio (los 40.000) ya que, como venimos diciendo, a partir de esa cantidad sería más conveniente tributar a través de IS y no en IRPF . Todo lo que esté por encima de los 40.000 euros en nuestro ejemplo ficticio será lo que quede sujeto al IS, con el consecuente ahorro fiscal.

Todo lo hasta ahora relatado únicamente será óptimo siempre y cuando no pensemos en cobrar dividendos de la sociedad, pues en caso de ser así estos tributarían en IRPF (en la base imponible del ahorro), sumándose al mencionado límite (los 40.000) y en consecuencia perdiendo el ahorro fiscal mencionado (si queréis ver los tramos de la base imponible del ahorro para 2017, lo podéis hacer en nuestro anterior post).

Seguro que alguno a estas alturas estará pensando, ¿y si nuestra sociedad fuera unipersonal (un solo socio), tampoco en ese caso podría el socio disponer de los dividendos? Pues la respuesta es no. El carácter unipersonal no cambia nada en este caso. Si quisiera disponer de ellos tendría que tributarlos en renta. A modo de curiosidad, que sepáis, que este tipo de operaciones entre socio y sociedad son denominadas como “operaciones vinculadas”.

Tras todo lo expuesto, no solo en el artículo de hoy sino en todos los que hemos confeccionado relativos al emprendimiento, un consejo final a modo de conclusión: en caso de dudar entre escoger autónomo o S.L, quizá lo ideal cuando la inversión es pequeña sea empezar como empresario individual (autónomo). En caso de que nuestro negocio creciere, ya pensaríamos en dicho momento en cambiar nuestra forma jurídica a la de sociedad.

 

Manuel Ángel es licenciado en derecho y es el autor de este blog.

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